Día 12: Santorini y su caldera
El día anterior habíamos contratado una excursión, desde el hotel, que nos llevaría a tres islas, así que caminamos hasta el Cablecar (después de los 10 kilómetros de ayer no íbamos a bajar a pie hasta el Puerto Viejo, mucho menos en burro como te ofrecen), por seis euros ya estábamos abajo.
Desayunamos uno cafés con croissant al paso y esperamos al Calypso, que puntual a las 10:45 partió hacia Nea Kameni, el volcán de Santorini.
No sabíamos que teníamos que subir caminando ni que había que pagar 5 euros más de entrada, pero el recorrido estuvo muy bueno, viendo dos bocas, una de ellas activas con todo su olor a azufre, y unas vistas alucinantes.
De ahí, el barco parte hacia la isla de Palaia Kameni, donde se encuentran las Aguas Termales, ancló a pocos metros de la pequeña bahía de Agios Nikolaos, desde donde pudimos ir nadando hasta llegar a los baños de lodo. La temperatura del agua está entre los 30 y los 35 grados, pero se mezcla constantemente con el agua de mar.
Y de hay a la isla de Thirassia, dónde nos dejaron dos horas que nosotros aprovechamos para almorzar los sandwiches que habíamos llevado acostados en la playa de piedras y bañándonos nuevamente en esas aguas transparentes. Podríamos haber subido al viejo pueblo de pescadores de Manolas, pero aún nos dolían los pies de ayer.
El Calypso regresó bordeando la isla de Santorini, desde Oía hasta Fira.
Recogimos la ropa recién lavada y regresamos al hotel, dónde nos quedamos disfrutando la tarde en la pileta del hotel, a fuerza de vodka y whisky polaco que había traído Pablo de casa.
A las 20:30 salimos a cenar a la cantina Mama House que nos recomendó Dimitris en el hotel, y tenía razón, fue la mejor moussaka y el mejor pulpo grillado del viaje hasta ahora. Después nos enteramos que era otra la que nos habían recomendado, pero, bueno, se suma a la lista de cosas a hacer en otro viaje.
Luego caminamos un poco por el centro, nos tomamos un yogurt helado y a la cama.
























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