Día 13: Las playas de Santorini

Salimos del hotel hacia la terminal sin saber de manera cierta a qué playa iríamos, lo decidiríamos depende los horarios de los colectivos. 

Cuando llegamos, el primero que salía era hacia Kamari, así que ese fue nuestro destino  en un colectivo local, con un boleto de 1,40.

Kamari es una playa muy extensa de arena negra y piedras, con sombrillas y reposeras gratis a cambio de consumiciones en las tabernas que brindan esas comodidades a precios completamente razonables.


Nos quedamos ahí hasta pasado el mediodía, cuando volvimos a Fira ya que no hay conexiones entre las playas, salvo por un taxi acuático, que no usamos.

Desde Fira, tomamos otro colectivo a Red Beach, que es un poco más lejos, por lo que el pasaje costó 1,8 cada uno.

El colectivo nos dejó en Aktrovisi, desde donde caminamos por un sendero de montaña hasta Red Beach, que es una playa mucho más chica que la de Kamari, con una parte de arena gruesa y otra de pequeñas piedras rojas que se desprenden de la ladera de la colina y da nombre al lugar.

Hay un solo puesto de bebidas y snacks, que también alquila reposeras y unas pocas sombrillas.

Es una pequeña ensenada sin olas que permite nadar de punta a punta y llegar hasta unas rocas para tomar sol y zambullirse en unas aguas insanamente transparentes.

Ahí nos quedamos hasta pasadas las cinco de la tarde.

 

De vuelta en el hotel, hicimos una merienda tardía con pan, fiambre y aceitunas, regado con el infaltable vodka polaco de Pablo.

Al caer el sol, se nos sumó Dimitris, el patrer familias del hotel y nos quedamos charlando con él hasta tarde.

Nos duchamos y salimos a cenar a Stani, una taberna con una terraza abierta al mar y al centro de la ciudad y comimos una selección marina con pulpo, calamar y dorado que estaba riquísimo.

De ahí, a la cama derecho que mañana había que madrugar para el ferry.


















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