Día 15: Milos enamora

Milos no es sólo playas, aunque tenga las más lindas de las islas griegas,  Hoy, lo primero que visitamos fue un castillo veneciano que hay en la cima del pueblo de Plaka. Dejamos el coche en una callecita y después caminamos hacia el castillo. Los atardeceres se deben ver hermosos desde este lugar, y aunque nos prometimos volver para comprobarlo, nunca nos hicimos el tiempo de hacerlo. Una cuarta cosa pendiente para el siguiente viaje. 


De ahí, fuimos hasta al Teatro Antiguo, pero lo más importante de ese lugar es que en la entrada tienes un monolito donde fue hallada la Venus de Milos. Ya quedé impactado cuando la vi en persona en el Louvre de Paris, hoy conocí su hogar.


Luego, y apenas unos metros de distancia, visitamos las catacumbas romanas. La verdad, no es una visita obligada si estás en Milos, pero nosotros ya estábamos en la puerta, así que...



Un poco después, viajamos algunos kilómetros y visitamos dos pueblitos pescadores, Filopitamos y Mandrakia. En este último vios cómo un pescador colgaba unos pulpos al sol. Ahí nos enteramos que lo que hacía era cocinarlos para después servirlos en el restaurante local, Medusa de nombre, obviamente nos lo anotamos para regresar a almorzar.






La ruta terminó en Pollonia, un simpático puerto en el extremo este de la isla. Ahí desayunamos frente al mar y contratamos una excursión de todo el día en el velero Aria Calma, que tomaremos mañana.

En el camino de vuelta hacia Plaka encontramos las "Papafragas Caves", que son unas cuevas con una pequeña playa a la que se accede por un pequeñño sendero excavado en la roca, un lugar cinematográfico. Caro no se animó a bajar, pero Pablo y yo sí y nadamos dentro de dos cuevas alucinantes.


De ahí, fuimos a otra playa, hermosa playa, Pachena Beach.

Y, como nos habíamos prometido, almorzamos en Medusa, la taberna de Mandrakia, un pulpo cocinado al sol que fue una locura, en una mesa frente al mar.


Y el último pueblo que visitamos fue el archi famoso Klima.

De ahí nos fuimos al puerto a sacar los pasajes para el ferry de pasado mañana. Pasamos de nuevo por el súper para comprar la cena y nos volvimos a la pileta del cuarto de Pablo, ¡a la que nuevamente Aris le había puesto la pastilla de lejía! La volvimos a tirar y esperar que decante, y ahí si, al agua con vodka y manzana.

Hice unos spaghetti con pesto y salsa de tomate y cenamos en el balcón junto a la pileta.





















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