Día 22: Llegando a la cuna de las Olimpiadas

Ya queda muy poco para volver, la última vuelta por el sur de la península del Peloponeso.

Desayunamos en el hotel, uno de los mejores desayunos del viaje, como el del Infinity de Heraklion, pero todo casero, hasta el yogurth y la mermelada. Encima, cuando nos fuimos, nos regalaron un imán y una mermelada artesanal.

Nos despedimos de Galaxidi y encaramos la ruta hacia Olimpia. Pero en el camino paramos unos minutos en Lepanto, para dar nuestro homenaje al gran manco.

De ahí,  vuelta a la ruta, pasando por el imponente puente de Rio-Antirio, que une las dos puntas del golfo de Corinto.

Los trabajos en las autopistas griegas nos jugaron una mala pasada, porque estaba cerrada la bajada hacia donde nos mandaba el GPS, por lo que nos tuvimos que desviar por una ruta secundaria, tan secundaria que tres veces tuvimos que parar para dejar paso a tres rebaños de ovejas, con sus pastores y perros.

Llegamos a Olimpia antes de las dos de la tarde, y como no estaban aun listas nuestras habitaciones, dejamos el coche ahí y fuimos caminando a recorrer los dos museos que nos interesaban, el de la Historia de las Olimpiadas, y el Arqueológico, excelentes ambos.











Pero el calor apretaba, imposible con ese sol seguir recorriendo la parte de las ruinas al aire libre. Así que volvimos al hotel, dejamos las valijas en las habitaciones y salimos a almorzar a Phideas, el lugar que nos habían recomendado en el hotel, y tenían razón un mix de grillados para chuparse los dedos.

Volvimos a descansar un rato al hotel y a las 18 fuimos en coche hasta las ruinas. Lo que más nos impactó fue un arco romano intacto y el estadio donde se realizaban las antiguas olimpiadas.





Volvimos a descansar al hotel y a las 21 salimos a cenar a una cantina en la esquina misma, una lubina entera que fue memorable.

De ahí a descansar, que ya solo queda un día completo de Grecia.



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Hotel: Leonidaion Guesthouse (7/10) Buena ubicación, a 8 cuadras del acceso a los museos y el área arqueológica. La habitación que nos tocó tenía el lavabo en medio del dormitorio y en la ducha había un calentador antiguo en la pared. Muy buen desayuno.


















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